Historia de la villa de Huéscar

En la Época Romana, Huéscar se configura como centro de importancia, pues sería la antigua Osca de Plinio y Ptolomeo, como lo verifican los asentamientos y restos de la Villa de Torralba, así como los restos de la Torre del Homenaje de la Alcazaba musulmana, en la que hacían las funciones de sillares grandes lápidas romanas con inscripciones.  

El origen de "Úskar"

Durante toda la Alta Edad Media, Huéscar y su comarca tuvieron un poblamiento rural caracterizado por un hábitat disperso. La agricultura y, sobre todo la explotación de ganado menor, fueron sus principales características económicas. Estas actividades económicas propiciaron que Huéscar y toda su actual comarca estuvieran ocupados por un conjunto de alquerías "pequeñas comunidades rurales", contiguas las unas a las otras, junto a praderas, valles, ríos, fuentes y campos sembrados. A finales del siglo IX, en la obra Kitab Al-buldan de Al-Yaqubi se encuentran referencias de Úskar, que se describía como una zona de populosas alquerías, sin mencionar un núcleo urbano precedente de la actual Huéscar.

Dibujo del catastro de la Ensenada

La Época Medieval se caracterizaba por la alternancia entre musulmanes y cristianos. Son pocos los restos que quedan del antiguo castillo o fortaleza de Úskar y de la Mezquita musulmana siendo lo más representativo de estas fechas las Atalayas, que surgen de los lugares más estratégicos como un hito de la historia medieval de nuestra tierra.
Es a partir del siglo XIII cuando en la actual Huéscar nació un asentamiento urbano al convertirse toda la zona en una tierra de frontera. El 15 de febrero de 1243 se firmaría en Toledo el privilegio de donación de Huéscar, Galera y Orce, con sus derechos, portazgos y salinas, en favor de la Orden de Santiago. En 1246 el rey musulmán Muhammad I de Granada se vio obligado a reconocer el dominio cristiano en esta frontera mediante el Pacto de Jaén. Sin embargo, esta aceptación fue únicamente aparente, ya que estas plazas eran de vital importancia para la estrategia militar del reino. En 1252 Alhamar, el rey granadino, sublevó a los moros de la frontera, obteniendo en la parte oriental las fortalezas de Cúllar, Orce, Galera y Huéscar. En este constante toma y daca, en 1271 los cristianos volvieron a recobrar la población.
El control castellano finalizó en 1324, cuando el rey Ismail I de Granada, aprovechando la anarquía existente en Castilla por la minoría de edad del rey Alfonso XI,  recuperó en una rápida campaña las localidades de Huéscar,Orce Galera y Baza. Destruido el castillo roqueño de Úskar, se centraría en la protección de la zona, delimitando el área con el sistema de atalayas y amurallando lo que ya se constituiría en el núcleo urbano de la actual Huéscar, con su gran alcazaba, de la que pocos restos han quedado, -salvo algunas partes de murallas y la reconstruida Puerta del Homenaje-.

La definitiva conquista de la Villa de Huéscar.

Recreación: Caballeros templarios en combate por tierra Santa

En el siglo XV, cuando los cristianos comienzan de nuevo operaciones contra el reino de Granada, Rodrigo Manrique -comendador de Segura- va a tomar nuevamente la ciudad -1434- durante un breve periodo. La tierra de Huéscar constituía una zona fronteriza bastante importante de la zona septentrional del antiguo Reino Nazarí de Granada. Poco tiempo después, Huéscar volvería a ser “reconquistada” por los musulmanes hasta que en el año 1488 la reconquista cristiana fue definitiva y realizada por capitulación sin tener que llegar a combatir a diferencia de lo que ocurriría en otros puntos importantes de Granada, como fuel el caso de la actual Baza. Huéscar fue uno de los pocos territorios que sería entregado en señorío por los Reyes Católicos en el contexto de la Guerra de Granada (1482-1492). Los monarcas no estaban dispuestos a que el Reino de Granada se convirtiera en un núcleo de tierras que pudieran engrandecer más de lo que ya estaba a la nobleza castellana o a la grandeza de España.
Los Reyes Católicos siempre pudieron jugar un papel de árbitros con todo el tema de los mudéjares que posteriormente pasaron a ser moriscos y que, naturalmente, eran los que más tributaban a la hacienda castellana. Las capitulaciones de la ciudad de Huéscar fueron muy generosas con los musulmanes que en dicha ciudad habitaban a consecuencia de la poca resistencia que éstos opusieron a las tropas castellanas.
Según las Capitulaciones, Huéscar sería siempre villa real, no entregada a señor alguno y con respeto para los islámicos en su religión y costumbres. Pero eso no se cumplió y la ciudad fue entregada primero en 1495 al condestable de Navarra Don Luis de Beamont, Conde de Lerín y en 1513, por orden de la reina Juan I "la Loca", a manos del II Duque de Alba de Tormes, Don Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez, en agradecimiento por su participación en la guerra granadina. En 1563 el rey Felipe II creó el Ducado de Huéscar, título de nobleza que otorgó a la hija de los condes de Benavente, María Josefa Pimentel y Enríquez, como regalo por su matrimonio con el primogénito de la Casa de Alba y futuro IV duque de Alba de Tormes, Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez de Guzmán. Así, el ducado de Huéscar tuvo como destinataria a la mujer que contrajera casamiento con el hijo varón mayor del ducado de Alba. La característica inicial de este título fue que el marido era el duque consorte de un territorio del que era señor.
La represión antimorisca y las sucesivas expulsiones de éstos terminaron afectando muy duramente a la ciudad que había llegado a alcanzar casi seis mil habitantes a mediados del siglo XVI. A finales de ese siglo dicha cifra quedó reducida prácticamente a la mitad, dando lugar a un cambio importante en la ciudad, sustituyéndose la imagen de la localidad musulmana por los símbolos del nuevo poder dominante. Huéscar ha pertenecido a la Archidiócesis de Toledo desde 1544 hasta 1953. Esto, unido al hecho de la repoblación masiva por parte de castellanos, aragoneses y navarros, da explicación al estilo de las construcciones en la ciudad. La población navarra, que fue la más numerosa, trajo consigo muchas tradiciones, como la devoción a las santas Alodia y Nunilo.
Fuente: Libro de "Úskar" y los estudios realizados por D. Vicente González Barberán.

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