Fuente: Libro de "Úskar"
y los estudios realizados por D. Vicente González Barberán.
1488.-Campaña de Vera
y el Noreste granadino y almeriense
El 1 de Enero de 1488 los Reyes Católicos se encontraban en Zaragoza, prestos a convocar en primavera las Cortes
de Aragón, lo cual ocurrió en Valencia, a partir de su llegada
a la capital de este Reino el 4 de abril. Duraron sus sesiones hasta el
día 25, en que se dieron por finalizadas en Orihuela, a donde se
habían desplazado los Reyes camino de Murcia, en la que entraban
el siguiente 26 del mismo Abril. Todo esto formaba parte de un minucioso
plan para arrebatar a los granadinos sus regiones más levantina,
ya perdido por ellos todo su Poniente y Norte, por ello el ataque se emprendería
ahora, excepcionalmente, a partir de la frontera de Lorca. El día
6 de Junio, camino de esta importante Lorca, ciudad fronteriza y base
de operaciones militares desde el siglo XIII, donde el Rey había
citado a la nobleza, con sus tropas, según la forma acostumbrada.
Se establece el real en Totana, donde se pernocta. Este año se prevén
las cosas fáciles y la hueste convocada es sensiblemente menor
que en otros años, en parte por haber epidemia en la zona murciana.
Se trata de 4.000 o 5.000 lanzas -es decir, caballeros- y 10.000 peones
-infantes-. Todo ello sin contar, como siempre, con las organizadísimas
Intendencia y Sanidad militares. Volver al índice
El Rey Zagal
Informado del movimiento cristiano de tropas, abastece y fortifica en
condiciones Baza y Guadix, posibles objetivos del año. Luego, ya
con más elementos de juicio, intenta acudir a Vera con 1.000 caballos
y 10.000 peones, impidiéndoselo el 2 de Junio el Adelantado de
Murcia, Don Juan Chacón y el Marqués de Cádiz, que
acude con 800 caballos y 3.000 infantes. El 10 de Junio entra la tropa
en el Reino de Granada y se asienta el real ante la bien fortificada ciudad
de Vera, que era la rival musulmana de Lorca. Creyendo los de Vera
que Don Fernando iba por Almería, lo más fuerte de su guarnición
había ido para allá, a ayudar a El Zagal. La ciudad es entregada
sin resistencia -la sorpresa era grande ya que por aceptar a Boabdil como
rey tenían fe en el seguro ofrecido a éste por Don Fernando,
y nunca esperaban ataques por esta frontera murciana-.
Queda de momento el real en Vera, a donde comienzan a llegar apresuradamente
enviados de toda la zona, que desean entregarse bajo las mismas condiciones.
Consistían estas, simplemente, en la normal incorporación
de las poblaciones y sus habitantes a la Corona de Castilla, en calidad
de súbditos mudéjares, con conservación de vidas,
haciendas, religión, etc. Los que habían sido hasta entonces
súbditos de un rey musulmán pasaban a ser vasallos de otro
cristiano, al que pagarían los mismos tributos que a su anterior
monarca. Estas circunstancias quedaban registradas, en cada caso, en un
documento de Capitulación, así llamado porque la entrega
se pactaba mediante un escrito en el que figuraban los diferentes "capítulos"
o apartados acordados. Las Capitulaciones de la Campaña de 1488
eran de una generosidad grandiosas, y ello influyó en el ánimo
de los musulmanes más que la amenazante artillería. Los
alcaides, por separado o en grupos, acudían como moscas al real
de Vera.
Si ésta cayó el 10 de Junio, ya estaba allí los legados
de la fortísima Mojácar el 11, que hicieron su entrega efectiva
el 12. Hasta 1l 16 sabemos de la llegada de los de Níjar, Huércal,
Cabrera y Cantoria. El 17 se presentaron el Alcaide Mayor y el Cadí
Mayor de ambos Vélez -Blanco y Rubio-, quienes prometieron emplear
sus buenos oficios para que se entregaran asimismo Huéscar, Benamaurel,
Castillejar -entonces, y por mucho tiempo era "Castilleja"-,
Galera, Orce y otras villas de la comarca, cosa que lograron hábilmente.
El castillo de Castril -no había pueblo- siguió todavía
en la órbita de Baza. Volver al índice
El 1 de Junio -otros ponen el 7-
Se produce la llegada a Vera del Alguacil de Huéscar, Sulaiman al-Galib -los papeles castellanos transcriben muy mal "Zulemagali"-,
quien, enviado por su Alcaide Ibn Ammar -"Abenamar"
en las crónicas-, ofrece la entrega, pero con cierto aire de dignidad;
ya que dice que sólo dará las llaves al mismo Rey en persona,
si se digna ir a Huéscar a recibirlas y si promete no apartarla
de la Corona Real: es decir, no darla en régimen de Señorío
a ningún noble castellano. El Católico no ésta allí
todavía de regreso, pues está volviendo de Almería,
pero se entera y asiente. Piensa poner de alcaide, por méritos
de su antepasado que la conquistó en 1434, al santiaguista Don
Rodrigo Manrique, quien hubiera ido a posesionarse de la entonces villa,
de no ser por la condición puesta por los huesquerinos.
El 8 de Julio, en marcha el Rey ya desde Vera hacia Baza, la hueste pasa
por la villa de Overa -que hoy no existe- y llega a Oria; y el 9 sigue
hasta Cúllar, donde la población se entrega y queda importante
guarnición cristiana, dada la cercanía de la fuerte y peligrosa
Baza. Al siguiente 10 se planta real ante dicha Baza,
donde, rapidísimo, ya esta encastillado El Zagal, por lo que resulta
estar más defendida de lo sospechado por Don Fernando, y ante cuyas
murallas se registra un encuentro desastroso para los cristianos. Fingieron
los moros, que habían salido, en poca cantidad, a hostigar a los
cristianos que llegaban de Cúllar, una repentina retirada. Fueron
perseguidos por los cristianos hasta las mismas puertas de Baza, donde
estaba preparada la emboscada por el grueso de la tropa mora. Allí
murió un querido sobrino del Monarca. Don Felipe de Aragón,
hijo de su hermanastro el Príncipe Don Carlos de Vera, a quien
los sitiados acertaron en la boca con un proyectil de piedra, disparado
por una gruesa espingarda. Ante esta circunstancia, el Monarca abandona
el intento de Baza - será finalmente en 1489 cuando se consiga-,
apareciendo ante Benamaurel el siguiente 11 de Julio, donde recibe las
llaves y deja también, como antes en Cúllar, una bien abastecida
guarnición. Volver al índice
1488.- Entrega capitulada de Huéscar.
El 12 de Julio ya esta en Huéscar, por el tradicional camino desde
Baza, hacia Valencia, tras pasar por la ya recibida Benamaurel y la ahora
cobrada Castillejar. Se establece real ante Huéscar -consta que
en el Real de Huéscar el Rey despachó documentos, porque,
aún en viaje o en guerra, la Secretaría Real seguía
funcionando, y había asuntos en los Reinos de España que
no admitían demora-, suponemos lógicamente que en la explanada
que ahora ocupa la plaza Mayor, entonces lugar abierto para cementerio
y zoco, a donde se abría la Puerta de Castril. Posiblemente entonces
se llamaría Puerta de Baza, ya que hacia ella salía también
el camino principal, de los dos que de allí partían. Esa
puerta, como está largamente documentado, estaba a la entrada de
la calle de las Tiendas, entre el actual Banco Español de Crédito
y la que fue entrañable y veterana heladería del querido
Maestro Arturo -la demolición de esta casa se ha llevado por delante
los restos básicos de la Puerta de Castril, de la que han aparecido
vestigios arqueológicos-. Hasta allí, de gala y a caballo,
había llegado el alcaide Abenamar, saliendo de la fortaleza debidamente
acompañado por las demás autoridades locales, y portando
las llaves de la población. Hecha la entrega, de la que queda testimonio
gráfico en la sillería del coro de Toledo, la comitiva montada
y armada atravesó la calle principal de la villa -la de las Tiendas-
para tomar posesión de la fortaleza, donde quedó una guarnición
proporcionada a su importancia.
Con su entrega, absolutamente inevitable, ahorró el buen Alcaide
Ibn Ammar unos días de sangre y ruina. Fue debidamente
recompensado por los Reyes Católicos en su momento. Por lo que
toca a Sulaiman al-Galib, el Alguacil Mayor,
sabemos que los Reyes Católicos le hacen merced de derecho nazarí
de la Carnicería -6 maravedíes por cada cabeza de ganado
sacrificada-, de un horno y de cierta cantidad de libras de pan; aparte
de que conserva el cargo de Alguacil Mayor que tenía en el Gobierno
local.
Convenido el contenido del documento de las Capitulaciones, y recibida
la villa por el Rey -el hecho de acercarse a Baza desde Almería
y Vera lo explicó Don Fernando como motivado por la
necesidad de recibir en sus propias manos las llaves de Huéscar,
y el deseo de subir luego, siempre por el mismo Camino Real , a adorar
la Santa Cruz de Caravaca-, quedó efectivamente como alcaide de
la importante alcazaba Don Rodrigo
Manrique, mientras que se consagraba en una Misa con el
acostumbrado "Te Deum" la mezquita, que pasaba a ser Iglesia
de Santa María -"la menor"- que luego fue de Santiago
al pasar la advocación mariana "de la Encarnación",
tan de la devoción de la Reina, a la nueva y grandísima
edificada en "el arrabal": es decir, fuera de los muros, hacia
donde se extendió la nueva ciudad cristiana, en el llano a Poniente
del casco antiguo.
Hay que notar que, por primera vez en la historia de las pérdidas
y recuperaciones de Huéscar, Castilla no devuelve la jurisdicción
militar de Huéscar a la Orden de Santiago ni la eclesiástica
a la Mitra de Cartagena, a la que pertenecía desde el primitivo
cristianismo peninsular, con las viejas diócesis de Acci y Basti,
que pertenecieron siempre a la Hispania Tarraconense y luego Cartaginense,
pero nunca a la Bética. La villa, incorporada por primera vez al
Reino de Granada por Abu-1-Walid Ismail I a principios del siglo XIV -hacia
1325-, era granadina sólo cuando era musulmana, pero murciana al
volver al cristianismo. Era el mismo caso de Castillejar, Castril, Galera
y Orce, así como de La Volteruela, como se llamaba
la futura Puebla de Don Fadrique, entonces anejo huesquerino.
El Rey Católico que desde el momento de la recepción de
la villa en persona, la consideró como cosa propia, disponiendo
de ella a su capricho, decidió esta vez conservar estas zonas de
la frontera murciana dentro del Reino de Granada. Ya acabada la Guerra
de Granada y a mediados del siglo XVI, por causas conocidas que ahora
no vienen al caso, tanto Huéscar como la Puebla y Castillejar pasaron
a depender, hasta nuestro 1953, de la Sede Primada de Toledo.
Esta especial vinculación de las iglesias de Patronato Real con
la Corona tenía la ventaja de que, en cuanto a sus fábricas
se refiere, en su traza o ejecución, caían en las buenas
manos de los arquitectos reales, que eran los mejores de España.
Eso explica la gran categoría en volumen y en calidad, de los templos
granadinos, En nuestra zona tenemos muestras gloriosas en la Colegiata
de Huéscar y en la parroquial de la Puebla de Don Fadrique, su
hermana menor. Aún en el siglo XVIII, Carlos III encargó
iglesias granadinas a Don Ventura Rodríguez y su estudio, con el
éxito que puede verse en las magníficas se Santa Fe, Vélez-Benaudalla,
Mayor de Montefrío, Algarinejo, etc; o en la muy pequeña
pero primorosa de Nívar. Todos estos planos se conservan en las
magníficas estanterías del estudio de arquitectos, situado
en una de las torres del viejo Alcázar madrileño de los
Austrias, perdido por incendio en 1734, bajo Felipe V. Allí se
quemaron innumerables obras de arte y, por supuesto, los planos de los
arquitectos reales, entre los cuales, seguramente, están los nunca
vistos de Santa María, de nuestra ciudad.
Rumbo a la importante ciudad murciana de Caravaca de la Cruz y puesta
Huéscar en manos del nuevo alcaide Don Rodrigo Manrique, cruzo
la tropa el Campo de la Puebla; y se sabe que el día siguiente,
13 de Julio, tras abandonar tierra granadina en Pedrarias, que era una
de las ventas del Camino Real de Valencia, durmieron en la antiquísima
Venta del Moral y sus alrededores. Sin embargo, por razones desconocidas,
el Rey no siguió hacia Caravaca, sino que decidió volver
desde allí a la Lorca de partida -no hay constancia de la presencia
del Rey en Caravaca, que dan por cierta algunas Crónicas, conocedoras
de la inicial intención de Don Fernando, cosa que hubiera hecho
más tarde, al abandonar Murcia; pero ello no se refleja en el itinerario,
por lo cual es más que dudoso-. Tres días después
ya estaba Don Fernando en Murcia con la Reina, a la que había informado
de la Campaña, día por día y por su encargo expreso,
el Marqués de Cádiz; cuyas cartas son un verdadero tesoro
histórico que documenta perfectamente esta triunfal campaña
de 1488. Volver al índice
1488.-Documento de las capitulaciones de Huéscar.
Conservado en el Archivo General de Simancas,
nuestro queridísimo amigo e hijo predilecto de la ciudad de Huéscar,
Don Vicente González Barberán, tuvo a bien pedirlo desde
Madrid el 7 de Abril de 1969. El 11 recibía el microfilm correspondiente
y la referencia del documento era: Patronato Real, legajo 11, folio 9,
nº 1.098. Ese microfín ha sido recientemente positivado y
reproducido al tamaño folio del original, que tiene tres caras.
Todo esto se refiere a la copia conservada por la Secretaria Real, de
la que hizo llegar reproducción al Ayuntamiento de nuestra ciudad,
para su constancia en el Archivo y para que, como es de desear, se pueda
enmarcar y quede a la vista de los vecinos en lugar adecuado. Por lo que
se refiere al documento original, que sería muy bello, debió
de hacerse llegar al alcaide de Huéscar en lo siguientes días
de Julio de 1488, yendo a parar al Archivo de Consejo. Todavía
pudo ser consultado allí por el conocido escritor granadino D.
Miguel Garrido Atienza -hijo de un muy polémico notario de Huéscar,
quien publicó en 1910 "Las Capitulaciones para la entrega
de Huéscar". Fue a raíz de la entrega al Ayuntamiento
de la Capital del original de sus Capitulaciones de fines de 1491, hecha
solemnemente por el Marqués de Corvera,
Don Alfonso de Bustos y Bustos en 1908, padre de nuestro querido Barón
de Bellpuig Don Antonio. En ese libro del que nuestro queridísimo
Vicente González posee ejemplares, tanto de la rara edición
original como de su facsímil de 1992, publicado por la Universidad,
figuran también los textos de las principales Capitulaciones de
aquella guerra, y multitud de documentos de mayor interés.
No da Garrido Atienza ninguna signatura ni referencia de la situación
del documento en el Archivo Municipal de Huéscar: el caso es que
de él nunca más se supo. Quizá le fue prestado para
esa publicación. Fallecido no mucho después de forma inesperada,
se sabe que tenía entonces en su poder importantes papeles, entre
ellos algunos municipales granadinos antiquísimos sobre temas de
agua -tema en que era especialista-. Se perdieron entonces para siempre
esa y otra documentación. Por lo visto, su viuda atribuyó
el fallecimiento de su marido a su dedicación excesiva "a
los papeles" y los quitó de en medio cuando se los fueron
a reclamar. Dijo no saber nada de nada. Quién sabe si algún
día aparecerán en alguna testamentaría granadina
de postín. Volver al índice
1495.- El cuñado del Rey y Conde de Lerín. El Marquesado.
Otra muestra del dominio absoluto que mostraba Don
Fernando sobre Huéscar fue su falta de cumplimiento de lo capitulado
con sus habitantes, que siempre habrían de depender de la Corona.
En 1495 se la dio como Marquesado -pretextando que era sólo con
carácter vitalicio- a su cuñado Don Luis de
Beamonte, Conde de Lerín y Condestable de Navarra,
a la sazón expulsado de este reino por traición a sus Reyes,
que le confiscaron sus extensos bienes. El Católico le organizó
un Señorío compensatorio en nuestra zona, en medio de una
protesta generalizada. Este Marquesado de Huéscar estaba
integrado por esta entonces villa, acompañada por las de Castilléjar,
Cortes, Zújar, Freila, Vélez Blanco, Vélez Rubio
y Las Cuevas de Almanzora: un territorio extensísimo.
La inclusión de Castillejar y Cortes, que era Señorío
de Ali y Muhammad Abdul al-Din determinó indemnizar a ambos con
tierras en el Valle del Andarax. Volver al índice
1509.- De Villa a Ciudad. La independencia de la Puebla.
Muerto el de Lerín y recuperadas por sus descendientes sus antiguas posesiones,
cuando la conquista e incorporación de Navarra a España
en 1513, Huéscar recupera brevemente su calidad de realenga, y
hasta es, alrededor de 1509, ascendida de Villa a Ciudad, título
preciadísimo. En 1513 crea Don Fernando, faltando definitivamente
a su palabra, el Señorío de Huéscar y Castillejar
como premio a Don Fadrique Álvarez de Toledo, II Duque de Alba,
precisamente por su brillante conquista de Navarra en el año anterior.
Hubo nuevos tumultos, y permanentes pleitos contenciosos hasta la supresión
de los Señoríos por las Cortes de Cádiz, ya a principios
del siglo XIX. Nada que hacer. Gano con ello La Puebla, que cambió
su nombre medieval por el de este II Duque de Alba, que la protegió
y a cuya Casa fue esta población muy afecta: preferían el
protector señorío ducal al municipal y rival huesquerino,
siempre aceptado a regañadientes, hasta conseguir la independencia
municipal y más de la mitad del gigantesco término de la
antigua "metrópoli". 1563.-
El Ducado. El Ducado de Huéscar,
creado en 1563 por Felipe II, remachó para los Alba ese Señorío
que nunca debió conceder. También concedió el Rey
en Huéscar grandes fincas en propiedad privada a determinados jefes
militares, sobre todo de las campañas de Italia, a partir de las
cuales se crearon más tarde poderosos Mayorazgos. Volver al índice |