Entrar en tierras de Galera, se venga de donde se venga,
no deja indiferente a nadie porque se tiene la sensación de entrar
en otro mundo por el paisaje de contraste que se ofrece.
Se puede pasar bruscamente del más absoluto erial dolorosamente blanco
-donde parece que estamos en los últimos estertores del planeta- a ubérrimas
vegas creadas hace milenios al amor de ríos, fuentes y manantiales. |